Los Mandamientos de Cristo
Aprende y vive las enseñanzas de Jesús en tu vida y en tu corazón


Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. (Juan 14:15).
Creemos que las palabras de Jesús no son opcionales. ¡Son esenciales! Es por eso que los mandamientos de Cristo no son solo una lista de tareas pendientes; son una invitación a entablar una relación con Dios mismo.
Ahora, ¿Cuáles son estos mandamientos y qué significa “guardarlos”? Primeramente, no podemos guardarlos —es decir, observarlos, recordarlos y aplicarlos— sin saber primero cuáles son. A continuación mostramos cincuenta y un mandamientos generales que Jesús nos dio durante su ministerio terrenal.
Después de leer estos mandamientos, quizá te preguntes: “¿Cómo voy a poder cumplir con todos ellos?”. La respuesta es sencilla: ¡no puedes! Solo creyendo en Jesucristo como tu Señor y Salvador y permitiéndole vivir Su vida a través de ti podrás amar y seguir a Dios conforme guardas Sus mandamientos de manera genuina. Mientras lees los mandamientos que Jesús dio, pídele a Dios que te ayude a observar estas palabras guardándolas y escribiéndolas en las tablas de tu corazón (Proverbios 4: 1-4) Seguir y aplicar Sus mandamientos solo es posible mediante la gracia y el Poder de Su Espíritu Santo en nuestras vidas.
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Aplicación
Mandamientos de Cristo
Los mandamientos que Jesús nos dio durante su estancia en la tierra son una forma poderosa de comprender su amor por nosotros y su compromiso con el verdadero discipulado entre todos los pueblos.
La Expresión de Cristo
Nuestras palabras son una expresión de quiénes somos y en qué creemos. Del mismo modo, las palabras de Cristo son una expresión de quién es Él. Al sumergir nuestras vidas en la Palabra de Dios, especialmente en los mandamientos que Cristo pronunció mientras estuvo en la tierra, podemos conocer el corazón de Dios. A medida que conozcamos mejor el corazón de Dios, caminar más cerca de Él, en una comunión íntima será mucho mas natural .
Fundamental para el discipulado
Jesús puso especial hincapié en Sus mandamientos durante una de las últimas ocasiones en que se dirigió a sus discípulos mientras estaba en la tierra. Por lo general, nos referimos a este pasaje de las Sagradas Escrituras como la Gran Comisión:
Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén (Mateo 28:18–20)
“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”.
Juan 14:21
Cristo y Su amor revelado
¡La Palabra de Dios ofrece promesas increíbles a quienes guardan los mandamientos de Cristo!
Juan 14:21 contiene dos de ellas que son muy relevantes:
El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.
Este versículo nos promete no solo que Dios nos amará, sino que también se nos revelará. ¡Qué promesas tan gloriosas podemos hacer válidas para nosotros!
¿Podemos realmente obedecer
todos los mandamientos de Jesús?
Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. (Juan 14:15). Pero, dado que no podemos vivir en perfecta obediencia en todo momento, ¿cómo podemos amarlo de verdad?
La palabra guardar en este versículo no implica completar una lista de tareas ni alcanzar una cierta calificación. En realidad, si nos esforzamos por obedecer los mandamientos con nuestras propias fuerzas, acabaremos fracasando o cayendo en la desesperanza. Esa no es la vida a la que Cristo nos llama. De hecho, la palabra griega traducida como «guardar» significa «proteger» o «velar». Nos dice que mantengamos las palabras de Jesús ante nuestros ojos, pensando en ellas y meditando sobre ellas a lo largo de cada día. Al hacerlo, la Palabra de Dios nos purifica, nos renueva y nos permite caminar en obediencia a Él como resultado natural.
Aunque la meditación en las Escrituras trae muchas bendiciones a nuestras vidas, la mayor bendición es Dios mismo. Al meditar en la Palabra escrita, tenemos comunión con la Palabra viva, Jesucristo.
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