Los Mandamientos de Cristo
Ama a Tu Prójimo


¿Dónde se encuentra este Mandamiento?
“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.
Mateo 22:39-40
Cómo aplicar este Mandamiento
Cuando un intérprete de la ley le pidió a Jesús que dijera cuál era el mandamiento más importante, Jesús declaró: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37).Luego Jesús declaró: “Y el segundo es semejante” (Mateo 22:39). La palabra griega traducida es semejante es homoios, que significa “parecido a, tal como, el mismo que”. La declaración de Jesús es muy importante porque significa que cuando amamos a nuestro prójimo, realmente estamos amando a Dios.
Existe un fundamento Bíblico sólido para este concepto, porque todos nosotros estamos hechos a la imagen de Dios. Por tanto, si despreciamos o maldecimos a un semejante, también estamos despreciando a Dios. Esta es la enseñanza real de la Escritura que declara: “El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor” (Proverbios 17:5). Santiago también hace esta conexión cuando escribe acerca de la lengua. “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios” (Santiago 3:9). Este mismo punto fue afirmado también por Jesús, cuando le dijo a los discípulos. “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40).
Dios creó a cada persona en el mundo, y un día, todos estarán delante del trono de Dios para ser juzgados. Sin embargo, Dios los ama tanto que envió a Su Hijo unigénito a morir por sus pecados de manera que ellos sean salvados de Su juicio. Dios también conoce el corazón y mente de cada persona en el mundo. Él sabe cuándo un corazón le está buscando, y Él organiza circunstancias para traer a un creyente a esta persona o para traer a esta persona en contacto con un creyente. Si fallamos en recibir a nuestros prójimos con amor sincero y genuino, fallamos en mostrarles la luz y la verdad del Evangelio.
Versículos Bíblicos para Meditar
Además de meditar sobre Mateo 22:39–40, la reflexión sobre los versículos que se presentan a continuación te permitirá profundizar y comprender mejor el mandamiento de Cristo: “Ama a Tu prójimo”.
Romanos 13:8
“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”.
Filipenses 2:3
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.
Santiago 2:8–9
“Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores”.
1 Juan 3:17
“Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?”.
1 Juan 4:20–21
“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano”.
Gálatas 5:13–14
“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Pregunta de estudio
P: Jesús enseñó que, si un hombre quiere ser su discípulo debe de “aborrecer su propia vida”. ¿Cómo puede una persona amar a su prójimo como a sí mismo, si debe de “aborrecer su propia vida”? (Ver Lucas 14:26).
R: A fin de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, debemos tener primero un amor apropiado para nosotros mismos. Tal amor debe estar basado en la comprensión de que estamos maravillosa y formidablemente creados (Ver Salmo 139:14).
Estamos diseñados por Dios para Sus propósitos. Nuestras características inalterables, tales como familia, orden de nacimiento, género, nuestro momento en la historia, nacionalidad, capacidad mental, y características físicas están diseñadas por Dios para cumplir Sus propósitos específicos en y a través de nosotros. David afirmó en el Salmo 139:16: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”.
Si rechazamos el diseño de Dios para nosotros mismos, no solamente nos resentiremos con Dios como nuestro Diseñador, sino que tenderemos a proyectar la misma actitud negativa hacia nuestro prójimo.
Jesús explicó que el amor que tenemos para nuestra persona, es demostrado por el cuidado de las necesidades y deseos que tenemos para nosotros mismos. Hemos de tener este mismo cuidado y atención por las necesidades de nuestro prójimo.
“Si alguno viene a mí, y no aborrece…también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26). La palabra traducida como “aborrecer” significa “detestar… y, por consiguiente, amar menos”. Para ser discípulos de Cristo, no debemos amar nada, ni siquiera nuestra propia vida, más de lo que lo amamos a Él. Siguiendo Su ejemplo, no debemos fijarnos egoístamente solo en nuestras propias necesidades, sino que debemos estar atentos a las necesidades de los demás y estar dispuestos a satisfacerlas (Ver Filipenses 2:4).
No podría haber un ejemplo mayor de esto que lo que hizo Jesucristo, cuando entregó Su vida por todas las personas. Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34).
Para estudiar más a fondo
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