Los Mandamientos de Cristo
No Cometas Adulterio


¿Dónde se encuentra este Mandamiento?
“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”.
Mateo 5:27-30
Cómo aplicar este Mandamiento
¿Alguna vez ha considerado las consecuencias del adulterio? ¿Y qué hay de los efectos devastadores que tiene en las relaciones de quienes están involucrados? Por muy importantes que sean estas cosas, el acto del adulterio y sus consecuencias no son más que un efecto secundario de un problema que se encuentra mucho más profundo en el corazón de una persona.
Cuando Jesús trata el tema del adulterio en Mateo 5:27-30, va directamente al meollo del problema: la lujuria en el corazón. La lujuria es fijar el corazón en algo y sentir un deseo ardiente por cosas que están fuera de los límites de lo que Dios ha establecido. Cuando alimentamos la lujuria en nuestro corazón, esta se convierte en pecado, y el pecado conduce a la muerte (ver Santiago 1:15).
Entonces, ¿cuál es el remedio para un corazón lleno de lujuria? ¡La cruz de Jesús! Al hacer morir nuestra naturaleza pecaminosa, la obra de Cristo en la cruz nos liberó de la esclavitud de la lujuria (ver Romanos 6). Para caminar en esta libertad que Cristo nos ha dado, tenemos que asimilar diariamente estas verdades que se encuentran en la Palabra de Dios, guardando Su Palabra en nuestro corazón.
Versículos Bíblicos para Meditar
Además de meditar sobre Mateo 5:29–30, la reflexión sobre los versículos que se presentan a continuación te permitirá profundizar y comprender mejor el mandamiento de Cristo: “No Cometas Adulterio”.
Santiago 1:14–15
“Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.
Santiago 4:4
“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”.
Romanos 6:11
“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro”.
2 Timoteo 2:22
“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor”.
Gálatas 6:8
“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”.
1 Juan 2:16
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”.
Pregunta de estudio
P: Ya que perder un ojo o una mano no conquista la lujuria, ¿por qué Jesús dio este mandamiento?
R: Este mandamiento no es para tomarse literalmente, sino más bien en sentido figurado. Si Jesús hubiera querido detener a los hombres de la lujuria, habría instruido que los dos ojos se eliminarán. Sin embargo, aun sin ojos, los hombres cometen lujuria con el corazón.
Es a través de nuestros ojos “abiertos” que recibimos las imágenes y señales que dirigen nuestras manos y pies. El ojo derecho influye en todo el cuerpo y es por lo general el ojo dominante. El gran poder y la importancia del ojo es enfatizado por Jesús cuando dijo: “La lámpara del cuerpo es el ojo . . .” (Mateo 6:22).
El daño más grande de la lujuria de nuestros ojos, es que los entrenamos a enfocarse en los engaños de la inmoralidad y se convierte en una ceguera espiritual a las realidades de la vida. Esta ceguera nos conduce a precipitarnos al pecado, ignorando las consecuencias de nuestras acciones. (Ver Santiago 1:14–15). El término mano derecha es rico en significado simbólico. Representa el honor, la autoridad, el poder, la protección y la seguridad de una persona (ver Hechos 5:31; Romanos 8:34; Lucas 22:69; Salmos 20:6, 16:8). Estas importantes cualidades se pierden o se ven dañadas cuando cometemos lujuria.
Jesús utilizó esta analogía para transmitir la importante verdad de que el daño que causamos a los demás y a nosotros mismos cuando cometemos lujuria es mucho mayor que cualquier limitación derivada de la pérdida de un ojo derecho o de una mano derecha.
Pero, ¿cómo podemos enseñar a nuestros ojos a no cometer lujuria? Si dedicamos por completo nuestros ojos, nuestras manos y nuestro corazón al Señor (Romanos 12:1–2), podremos morir cada día a los deseos de la carne. También podemos hacer un pacto con nuestros ojos (Job 31:1), entrenándolos para ver a las mujeres tal como Jesús las veía (Hebreos 4:15–16).
Para estudiar más a fondo
Para aprender y profundizar más sobre el mandamiento No Cometas Adulterio, te recomendamos adquirir la libreta de “Los Mandamientos de Cristo: Serie 1”.






