Los Mandamientos de Cristo

No Desperdicies Tus Perlas

¿Dónde se encuentra este Mandamiento?

“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen”.

Mateo 7:6

Cómo aplicar este Mandamiento

Cada vez más, en nuestros días, se observa un creciente rechazo hacia las cosas de Dios, Su Palabra y la verdad que contiene. Si bien nosotros, como creyentes, vemos a Dios como santo y a Su Palabra como un regalo precioso, el mundo rechaza ambas cosas. De hecho, el mundo no solo rechaza a Dios y Su Palabra, sino que llama malo a lo bueno y bueno a lo malo. Es por eso que el mandamiento de Cristo, “No Desperdicies Tus Perlas”, es tan importante.

Como cristianos, Dios nos ha concedido el maravilloso privilegio de compartir Su Palabra con los demás. Sin embargo, tal como nos advierte este mandamiento, debemos tener cuidado con quién, cómo y cuándo la compartimos. Si no tenemos cuidado, corremos el riesgo de arrojar lo que es santo y precioso a los pies de quienes no solo lo pisotearán, sino que también nos atacarán. Solo la sabiduría y el entendimiento que provienen de Dios, de Su Palabra y de la guía del Espíritu Santo nos permitirán tener el discernimiento que necesitamos.

El libro de Proverbios contiene numerosos ejemplos de las consecuencias de escuchar o rechazar la Palabra de Dios. Quienes la rechazan caen en la trampa, pero quienes la escuchan descubren que es un tesoro precioso de un valor inestimable. ¡Busquemos diariamente a Dios para que nos dé sabiduría y oportunidades de compartir Su Palabra con quienes están listos para escucharla!

Versículos Bíblicos para Meditar

Además de meditar sobre Mateo 7:6, la reflexión sobre los versículos que se presentan a continuación te permitirá profundizar y comprender mejor el mandamiento de Cristo: “No Desperdicies Tus Perlas”.

Filipenses 3:2

“Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo”.

Proverbios 19:25

“Hiere al escarnecedor, y el simple se hará avisado; y corrigiendo al entendido, entenderá ciencia”.

Proverbios 23:9

“No hables a oídos del necio, porque menospreciará la prudencia de tus razones”.

Proverbios 9:6–8

“Dejad las simplezas, y vivid, y andad por el camino de la inteligencia. El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; el que reprende al impío, se atrae mancha. No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; corrige al sabio, y te amará”.

Proverbios 14:6–7

“Busca el escarnecedor la sabiduría y no la halla; mas al hombre entendido la sabiduría le es fácil. Vete de delante del hombre necio, porque en él no hallarás labios de ciencia”.

Mateo 10:14

“Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies”.

Pregunta de estudio

P: Jesús felicitó al buen samaritano por ayudar a un extraño herido. Entonces ¿por qué le dijo a la mujer cananea que no podía ayudar a su hija que estaba en sufrimiento, porque no podía dar lo que tenía a los perrillos?

R: En nuestros días, un perro es considerado como “el mejor amigo del hombre”. En tiempos Bíblicos, los perros eran frecuentemente salvajes, hambrientos y menospreciados. La palabra “perro” en la Biblia tiene tres traducciones.

La palabra griega que Jesús usó en este mandamiento es kuon. Pablo usó esta palabra en un sentido figurado cuando escribió, “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros” (Filipenses 3:2).

La palabra hebrea para perros es keleb, que significa “perro” o, figuradamente, “un varón que se prostituye”. Esta palabra hebrea fue mencionada en la Ley. “No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel. No traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto…” (Deuteronomio 23:17-18).

En el relato de la mujer sirofenicia, Jesús usó una palabra griega diferente para perro. Él usó el término kunarion, que significa “un cachorro, un perrito”.

“Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (Ver Mateo 15:25–28).

No fue la falta de compasión lo que motivó a Jesús a rechazar las peticiones iniciales de esta mujer. Por el contrario, Su respuesta final hacia ella indicaría que Él estaba discerniendo cuidadosamente sus motivos y poniendo a prueba su fe.

Cuando ella comenzó a clamar a Jesús para que ayudara a su hija, Él la ignoró. Los discípulos le insistieron que la despidiera, porque ella no dejaba de gritarles. Sin embargo, Él respondió: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 15:24). Entonces, ella comenzó a adorarlo y le suplicó que la ayudara. Fue en ese momento cuando Él le dijo que no era bueno dar el pan de los hijos a los perrillos.

El hecho de que ella reconociera que Jesús era el único que podía ayudar a su hija, junto con su persistencia al suplicar por Su misericordia y ayuda, reveló su gran fe, y esto agradó a Dios y conmovió Su corazón de compasión hacia ella, dando como resultado un milagro.

Para estudiar más a fondo

Para aprender y profundizar más sobre el mandamiento No Desperdicies Tus Perlas, te recomendamos adquirir la libreta de “Los Mandamientos de Cristo: Serie 3”.

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