Los Mandamientos de Cristo
Guarda tu Palabra


¿Dónde se encuentra este Mandamiento?
“Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”.
Mateo 5:37
Cómo aplicar este Mandamiento
¿Has oído alguna vez el dicho: “Un hombre vale lo que vale su palabra?”. Esta frase se refiere al hecho de que el carácter de un hombre se puede juzgar dependiendo de si cumple o no su palabra. Así como esto es cierto en el caso de los hombres, el carácter de Dios se demuestra a través de Sus promesas inquebrantables.
Una de las formas más claras en que Dios ha demostrado el mandamiento de “Guarda tu Palabra” es al enviar a Su Hijo, Jesucristo, para que sea nuestro Salvador, Redentor y Señor. Jesús no solo fue el cumplimiento de muchas promesas que Dios le había hecho a Su pueblo, sino que, además, Su vida nos brinda el poder para cumplir todos y cada uno de los mandamientos que Dios nos ha dado. Jesús dijo de sí mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6b).
Así como Dios cumplió Su Palabra al enviar a Su Hijo, a nosotros, como creyentes, se nos ha dado el poder y la capacidad de cumplir nuestra palabra por medio de la vida de Jesús. No solo porque es lo correcto, sino porque hemos recibido una nueva naturaleza: la naturaleza de Dios a través de Jesucristo. A medida que crezcamos en esta realidad, no solo seremos conscientes de nuestra necesidad de cumplir nuestra palabra, sino también de que es Cristo quien, y solo Él, puede darnos la capacidad de hacerlo.
Versículos Bíblicos para Meditar
Además de meditar sobre Mateo 5:37, la reflexión sobre los versículos que se presentan a continuación te permitirá profundizar y comprender mejor el mandamiento de Cristo: “Guarda tu Palabra”.
Salmo 15:1–2, 4
“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. … El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia”.
Salmo 101:7
“No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos”.
Éxodo 20:16
“No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”.
Efesios 4:25
“Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros”.
Eclesiastés 5:4–5
“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”.
Proverbios 10:19
“En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente”.
Salmo 19:14
“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”.
Pregunta de estudio
P: ¿Por qué liberó Dios a Abraham y a Sara a pesar de la mentira que le dijeron a Faraón y a Abimelec, pero destruyó a Ananías y Safira por la mentira que le dijeron a Pedro?
R: En la Escritura, encontramos dos relatos acerca de mentir que revelan importantes enseñanzas con respecto a su naturaleza y las consecuencias de no ser completamente veraz.
El primer ejemplo es el de Abraham y Sara. Ellos acordaron mentir sobre su relación como marido y mujer y en su lugar, decir a la gente que eran hermanos.
Su mentira produjo plagas y angustia en las casas de Faraón y del rey Abimelec. Lo que ellos hicieron parece quedar impune, excepto por las reprensiones de Faraón y Abimelec. Ellos incluso adquirieron regalos valiosos bajo las falsas apariencias de sus mentiras.
En comparación, la mentira de Ananías y Safira parece insignificante. Su mentira no les dio dinero; ellos simplemente no eran tan generosos con el dinero que estaban dando a la obra del Señor como esperaban que la gente creyera. Por su mentira, Dios trajo
muerte inmediata.
Una lectura inicial de ambos relatos de mentira, pueden guiar a la conclusión de que Dios era indulgente con Abraham y Sara, y severo con Ananías y Safira. Esto no es verdad, porque ambos fueron severamente castigados por sus engaños.
En cierta forma, Abraham y Sara recibieron el castigo más grande; porque la iniquidad de su engaño fue traspasada a sus hijos y nietos por generaciones después de ellos. Abraham y Sara dijeron una «media mentira», pero su hijo, Isaac, llegó a decir toda una mentira sobre su relación con su esposa. El engaño cometido por Isaac fue luego repetido por Jacob, quien engañó a su padre y se apropió de la bendición de Esaú al disfrazarse. El engaño de Jacob fue multiplicado a través de su familia. Sus hijos lo engañaron al mostrarle la túnica de muchos colores de José que habían manchado con la sangre de un animal, haciéndole creer que a José lo había matado una bestia.
Si Abraham y Sara se hubieran arrepentido sinceramente de su engaño, esto los habría motivado a advertir a sus descendientes que no siguieran su ejemplo.
Estos dos ejemplos ilustran la verdad de la instrucción de Pablo a Timoteo. “Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después” (1 Timoteo 5:24). El pecado de Ananías y Safira fue inmediatamente descubierto y juzgado. La iniquidad de Abraham y Sara los siguió y vino a ser más y más destructiva con cada generación. Entre más tiempo una mentira continúa sin juzgarse, más destructiva se vuelve.
Para estudiar más a fondo
Para aprender y profundizar más sobre el mandamiento Guarda tu Palabra, te recomendamos adquirir la libreta de “Los Mandamientos de Cristo: Serie 2”.






