Los Mandamientos de Cristo

Cuídate de la Codicia

¿Dónde se encuentra este Mandamiento?

“Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.

Lucas 12:15

Cómo aplicar este Mandamiento

Cualquier creyente que practique la codicia, destruirá su alma y dañará todo el Cuerpo de Cristo. Codiciar es violar la naturaleza misma de Dios, esta consiste en amar y dar, en vez de codiciar y obtener. Una persona codiciosa, es como un cáncer en el cuerpo de Cristo y no solamente serán “traspasados de muchos dolores” y se convertirán en “un enemigo de Dios”, sino también infectará las vidas de otros creyentes.

Cada uno de nosotros será tentado a codiciar, porque es parte de la naturaleza humana. Por tanto, debemos reconocer el peligro de la codicia y tomar decisiones correctas a lo largo de nuestra vida. De este modo, experimentaremos las recompensas de Dios y la prolongación de nuestros días: como está prometido por Dios. “Mas el que aborrece la avaricia prolongará sus días” (Proverbios 28:16).

Codiciar es creer que la vida consiste en las cosas que poseemos. Este es el punto que Jesús refutó, cuando dio el mandamiento de guardarnos de la codicia.

Versículos Bíblicos para Meditar

Además de meditar sobre Lucas 12:15, la reflexión sobre los versículos que se presentan a continuación te permitirá profundizar y comprender mejor el mandamiento de Cristo: “Cuídate de la Codicia”.

Hebreos 13:5

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré”.

1 Timoteo 6:6–8

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”.

Filipenses 4:11–12

“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”.

Éxodo 20:17

“No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”.

Salmo 119:36–37

“Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino”.

Proverbios 28:16

“El príncipe falto de entendimiento multiplicará la extorsión; mas el que aborrece la avaricia prolongará sus días”.

Pregunta de estudio

P: ¿Por qué Dios nos promete darnos “riquezas, honra y vida” si lo tememos, mientras que Pablo aprendió que es por medio del sufrimiento y la pérdida de todas las cosas que nosotros podremos conocer a Cristo? (Ver Proverbios 22:4, Filipenses 3:8).

R: Hoy en día, muchas personas creen erróneamente que merecen tener y disfrutar de tantas “cosas buenas” en la vida como sea posible. Por eso, se pasan la vida intentando acumular dinero, posesiones y fama.

Cuando Jesús nos advirtió que nos guardáramos de la codicia, contó una parábola que demostraba la futilidad de acumular tesoros en la tierra en lugar de ser ricos ante Dios. Cuando un hombre rico adquirió tantas posesiones que ya no podía almacenarlas todas, dijo: “derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate” (Lucas 12:18-19). Sin embargo, Dios tenía otros planes para este hombre y le dijo: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:20).

La actitud del hombre rico en la parábola de Jesús es opuesta a la del apóstol Pablo, quien renunció de buena gana a sus posesiones terrenales para tener una relación más profunda con el Señor. En Filipenses 3:8, Pablo afirmó: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”.

Cuando los miembros de la iglesia primitiva fueron perseguidos y les quitaron sus posesiones terrenales, pudieron reaccionar con gozo porque sabían que, en última instancia, recibirían mayores recompensas de parte de Dios (Ver Hebreos 10:34.)

Para los cristianos de hoy, el problema no es cuánto o cuán poco tengamos, sino más bien nuestra fidelidad como administradores de lo que Dios nos ha confiado. Cuando Dios nos da riquezas, honor y vida, tenemos el privilegio de invertirlos en el reino de Dios. Por lo tanto, ya sea que tengamos en abundancia o que pasemos por necesidades, podemos regocijarnos y estar contentos cuando nuestra prioridad es acumular tesoros en el cielo.

Para estudiar más a fondo

Para aprender y profundizar más sobre el mandamiento Cuídate de la Codicia, te recomendamos adquirir la libreta de “Los Mandamientos de Cristo: Serie 5”.

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