Los Mandamientos de Cristo

Dá al César

¿Dónde se encuentra este Mandamiento?

“Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”.

Mateo 22:19–21

Cómo aplicar este Mandamiento

Hemos de honrar a todas las autoridades civiles como ministros de Dios. Como tal, no hemos de hablar mal de ellos, incluso si estamos en desacuerdo con su opinión o decisiones. Honrar a un gobernante, es reverenciarlo como aquel a quien el Señor ha puesto sobre nosotros para nuestra protección y el cumplimiento de los propósitos más grandes de Dios en la historia. La palabra de Dios nos asegura que “Como los repartimientos de las aguas, Así está el corazón del rey en la mano de Jehová; A todo lo que quiere lo inclina” (Proverbios 21:1).

Cuando a Jesús le preguntaron acerca del tributo, Él pidió una moneda e hizo que ellos admitieran que la imagen de César era parte de su inscripción. Mediante esto, en primer lugar, estaba afirmando que ellos debían pagar tributo. “Dad, pues, a César lo que es de César” (Mateo 22:21). Sin embargo, Él también estaba reconociendo un principio más alto: que la aceptación de la moneda del emperador era un reconocimiento de su autoridad para recolectar impuestos.

En la sabia y acertada respuesta que Jesús dio a los fariseos y herodianos, afirmó nuestra responsabilidad de dar a César lo que le pertenece, pero señaló que esto en ninguna forma debería estorbar nuestra responsabilidad mayor de dar a Dios lo que le pertenece. Dios debe ser temido sobre todos los dioses. Él es el Rey de reyes y Señor de señores. Él es el Soberano sobre todas las naciones. Él es el mismo Dios de los cielos y de la tierra. Él establece a un gobernante y quita a otro. Nos creó para Su gloria y todo lo que tenemos o somos es por Su misericordia y gracia. Hemos de adorar a Dios guardando los mandamientos que nos dio a través de Jesucristo. Y por la gracia y el poder del Espíritu Santo, llevarlos a cabo en nuestras vidas.

Debido a que Dios nos creó y Jesucristo nos redimió con Su propia sangre, le pertenecemos doblemente. Es por tanto, razonable que dedicáramos nuestros cuerpos a Él. Esta es la apelación de Pablo: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2). Así como la imagen de César está en las monedas que le pertenecen, de la misma manera la imagen de Dios está en nosotros y en nuestros hijos, y le pertenecemos a Él.

Versículos Bíblicos para Meditar

Además de meditar sobre Mateo 22:19–21, la reflexión sobre los versículos que se presentan a continuación te permitirá profundizar y comprender mejor el mandamiento de Cristo: “Dá al César”.

Romanos 13:1–2, 5–7

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. … Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”.

1 Pedro 2:17

“Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey”.

Proverbios 21:1

“Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina”.

1 Pedro 2:13–14

“Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien”.

Pregunta de estudio

P: Jesús condenó al siervo infiel por no aumentar el dinero que se le había confiado. ¿Por qué, entonces, Jesús le confió dinero a Judas y ni siquiera lo reprendió cuando supo que lo estaba robando? (Ver Juan 12:6 y Mateo 25:24–27).

R: Aunque en un primer momento pueda parecer que Judas no fue recriminado, al final fue reprendido severamente por Dios. Siendo el encargado del cuidado de la bolsa del dinero, fue infiel a tal encargo. De la misma forma, fue desleal al Señor Jesucristo al traicionarlo por treinta piezas de plata y debido a su infidelidad y engaño, él “cayó . . . por transgresión, para irse a su propio lugar” (Hechos 1:25; ver también Juan 12:6).

La lección del mayordomo infiel ciertamente se aplicaría a Judas. “Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente . . . Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos . . .Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 25:26,28-30).

Para ser administradores fieles de lo que Dios nos ha confiado, debemos aprender a ver el dinero desde la perspectiva de Dios. Tendemos a ver nuestro dinero como una posesión personal. Por tanto, asumimos que tenemos el derecho de decidir cómo será utilizado. También tendemos a ver el dinero como un medio de seguridad para el futuro. Intentamos almacenar tanto como podamos ya que no sabemos qué nos sucederá en el futuro.

El resultado de esta perspectiva es que hacemos del dinero nuestro dios, porque esperamos del dinero lo que sólo Dios nos puede dar, incluyendo felicidad, seguridad, libertad de los temores y paz interna. Al construir nuestras vidas alrededor del dinero, revelamos que somos culpables de amor al dinero, el cual es la raíz de todos los males, trayendo consigo aflicción, tentaciones y desilusión.

Sin embargo, Dios considera que todo el dinero es suyo. “Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo, y aun al impío para el día malo” (Proverbios 16:4). Incluso bendice a los impíos, ya que “… hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45).

Dios creó toda verdadera riqueza y nos ha dado la habilidad de adquirir una cierta cantidad de ella. Él ve el dinero como un encargo que da a cada individuo, y ve a cada receptor como un administrador de lo que le pertenece a Él. Cuando nos ordena que entreguemos una parte de “nuestro” dinero al Estado, debemos ser obedientes y hacerlo. El dinero no debe atesorarse ni malgastarse, sino invertirse con sabiduría para generar un rendimiento que glorifique a Dios y cumpla Sus propósitos en el mundo.

Para estudiar más a fondo

Para aprender y profundizar más sobre el mandamiento Dá al César, te recomendamos adquirir la libreta de “Los Mandamientos de Cristo: Serie 6”.

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