
Desarrollando un carácter semejante al de Cristo
Frutos duraderos de una relación personal con Jesucristo
Nuestro carácter es la composición de valores internalizados que determina nuestras palabras, acciones y actitudes. El “entrenamiento correcto” puede producir respuestas externas (conformidad externa), pero la esencia del carácter divino, la manifestación del fruto del Espíritu Santo, solo se produce a través de una relación creciente con Jesucristo. Somos creados a imagen de Dios, diseñados para reflejar Su carácter, para que Él sea visto, disfrutado y honrado a través de nosotros y en nosotros.
El carácter piadoso, coherente y duradero proviene de un corazón transformado, y un corazón transformado comienza con convertirse en una nueva creación en Cristo (2 Corintios 5:17). Solo Dios puede darnos el poder para vivir de acuerdo con Sus caminos. A medida que maduramos en Cristo, permitimos que Él haga Su obra en nuestras vidas e injertemos Su Palabra en nuestros corazones; las acciones y actitudes correctas serán un producto de la obra transformadora del Espíritu Santo en nuestras vidas y se convertirán en un desbordamiento de nuestro amor por Dios y por los demás. ¡Que Dios sea glorificado al permitirle que te transforme a la imagen de Su Hijo, Jesucristo!
















































