Versículo clave
“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”.
Santiago 4:6
La definición práctica de humidad es “reconocer que sin la ayuda de Dios y de otros, mis logros en la vida no habrían sido posibles”. Sin Dios, ni siquiera tendrías aire para respirar. Sin el cuidado de los demás, no habrías podido sobrevivir. Todas las personas del planeta dependen de Dios y de los demás, así que no hay razón para sentirse más importante que nadie. A diferencia de nosotros, Dios es autosuficiente, omnisciente y todopoderoso: ¡Él reina sobre toda la tierra, ahora y siempre! ¿Ves lo insignificantes que somos todos nosotros comparados con la grandeza de Dios? “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Salmo 8:4). Que podamos alabar a Dios por lo que Él es y agradecerle por Sus muchas bendiciones.
Lavar los pies sucios se consideraba una tarea de bajeza en los tiempos bíblicos. Una persona humilde servirá con amor a los demás, incluso en tareas insignificantes.
Un pez globo agranda su cuerpo para parecer más grande que su tamaño normal. Del mismo modo, una persona “inflada” de soberbia intenta mostrarse mejor de lo que es.
Lo opuesto a la humildad es la soberbia. La soberbia es una opinión exagerada de uno mismo. ¿Sabías que todos los conflictos tienen su origen en la soberbia? (Ver Proverbios 13:10). Una persona soberbia se cree mejor que los demás. No quiere reconocer que necesita a Dios o a alguien más. Habla de sus propias fortalezas y menosprecia las habilidades de los demás. Una persona soberbia cree que tiene derecho a tomar sus propias decisiones. La soberbia se expresó por primera vez cuando Lucifer dijo en su corazón: “. . . Seré semejante al Altísimo” (Isaías 14:14). Su intención era competir con Dios y recibir la alabanza que solo pertenece a Dios. Por esa razón, Dios arrojó a Lucifer a la tierra, donde se transformó en Satanás y tentó a Adán y Eva para que se rebelaran contra Dios. Desde el Jardín del Edén, las personas han deseado con soberbia vivir independientemente de Dios y hacer lo que les plazca. La soberbia es una abominación para el Señor que no quedará impune. (Ver Proverbios 16:5).
Preguntas de Evaluación
- ¿Reconozco que necesito a Dios y confío en que Él es todo lo que necesito?
- ¿Cómo he reconocido a aquellos que han invertido en mí?
- ¿Soy enseñable y estoy dispuesto a aprender de los demás?
- ¿Estoy dispuesto a realizar una tarea insignificante con una actitud alegre?
- Cuando otros me corrigen, ¿acepto o me resisto a sus instrucciones?
- ¿Cómo trato a los que no cumplen mis expectativas?
- Cuando no estoy de acuerdo con alguien, ¿estoy dispuesto a escuchar o me apresuro a discutir?
- ¿Reconozco cuán digno es Dios y le alabo por Su fidelidad y majestad?
- ¿Me comparo con los demás para sentirme mejor conmigo mismo?
“Todos los gigantes de Dios han sido hombres débiles que hicieron grandes cosas por Dios, porque contaban con que Dios estaba con ellos”.
J. Hudson Taylor


La transformación se produce cuando contemplamos al Señor y nos sometemos a la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18). Al ver el carácter de Dios a través de los testimonios de las Escrituras, crecemos en nuestra comprensión y obediencia a Su Palabra. Aquí hay diez aspectos de Humildad con versículos de apoyo que se encuentran en la Palabra de Dios.
Dios me capacita para:
Recordar lo que Él ha hecho por mí.
"Acordaos de las maravillas que él ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca". Salmo 105:5
"Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos". Deuteronomio 8:2
Someterme a Él.
"Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros". Santiago 4:7
Tener un corazón de siervo.
"Mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve". Lucas 22:26
"Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros". Gálatas 5:13
Reconocer a los que me han ayudado a triunfar.
"Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo". Romanos 16:1-2
Tener un espíritu enseñable.
"El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio". Proverbios 12:15
Ver mi verdadera condición.
"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno". Salmo 139:23-24
No considerar ninguna tarea indigna para realizarla.
"Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis". Juan 13:14-15
Evitar la arrogancia o la jactancia.
"Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". Mateo 23:12
"Alábete el extraño, y no tu propia boca; el ajeno, y no los labios tuyos". Proverbios 27:2
Considerar a los demás mejores que a mí mismo.
"Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo". Filipenses 2:3
Darle el crédito a Él cuando me elogien.
"Mas el que se gloría, gloríese en el Señor". 2 Corintios 10:17
Humildad en la Biblia
El publicano pide misericordia
“El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador”.
Lucas 18:11, 13


La oración fue una parte importante en la vida de Jesús en la tierra. Su ministerio público comenzó con una oración a Su Padre cuando Juan el Bautista lo bautizó. En la cruz, Jesús concluyó Su ministerio terrenal en oración cuando dijo “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. La oración es hablar con Dios, sabiendo que dependemos de Él y que Él es digno de alabanza. Con frecuencia, después de predicar y hacer milagros, Jesús se retiraba a un lugar tranquilo y apartado para hablar con Su Padre. Cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar, les enseñó a acercarse a Dios con reverencia, a arrepentirse de sus pecados, a perdonar a los demás y a confiar en que Dios supliría sus necesidades. En otra ocasión, Jesús contó una parábola en la que explicaba que Su Padre recompensa una oración perseverante. En la parábola, una viuda suplicaba a un juez y no paraba hasta que recibía justicia. Jesús también contó una parábola sobre dos hombres que fueron al Templo a orar. Los dos hombres eran polos opuestos: uno era un recaudador de impuestos despreciado y el otro un líder religioso. ¿Cómo se acercaría cada uno a Dios en oración? ¿Reconocería cada uno su verdadera condición espiritual ante Dios? ¿Cuál de los dos sería justificado por Dios?
Manifestado en la naturaleza
Buitre
El buitre americano tiene características repulsivas, pero desempeña un papel fundamental en el mantenimiento del equilibrio de la naturaleza al devorar cadáveres que, de otro modo, propagarían enfermedades y muerte.

Para niños
Currículo Ilustrado de Carácter Bíblico
El Currículo Ilustrado de Carácter Bíblico utiliza ejemplos de la vida de hombres y mujeres de la Biblia cuyo caminar con Dios dio como resultado buen carácter o cuya falta de fe produjo mal carácter. A través de este estudio, se anima a los niños a sustituir el orgullo por el elogio al reconocer cómo Dios y los demás les han ayudado a crecer y a tener éxito.
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“El hombre que se aferra a su propia justicia es como el que se agarra a una piedra de molino para evitar hundirse en una inundación”.
C. H. Spurgeon
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