Desarrollando un carácter semejante al de Cristo
Frutos duraderos de una relación personal con Jesucristo

Nuestro carácter es la composición de valores internalizados que determina nuestras palabras, acciones y actitudes. El “entrenamiento correcto” puede producir respuestas externas (conformidad externa), pero la esencia del carácter divino, la manifestación del fruto del Espíritu Santo, solo se produce a través de una relación creciente con Jesucristo. Somos creados a imagen de Dios, diseñados para reflejar Su carácter, para que Él sea visto, disfrutado y honrado a través de nosotros y en nosotros.

El carácter piadoso, coherente y duradero proviene de un corazón transformado, y un corazón transformado comienza con convertirse en una nueva creación en Cristo (2 Corintios 5:17). Solo Dios puede darnos el poder para vivir de acuerdo con Sus caminos. A medida que maduramos en Cristo, permitimos que Él haga Su obra en nuestras vidas e injertemos Su Palabra en nuestros corazones; las acciones y actitudes correctas serán un producto de la obra transformadora del Espíritu Santo en nuestras vidas y se convertirán en un desbordamiento de nuestro amor por Dios y por los demás. ¡Que Dios sea glorificado al permitirle que te transforme a la imagen de Su Hijo, Jesucristo!

Virtud

Esmero

Sensibilidad

Sabiduría

Dominio Propio

Tolerancia

Veracidad

Sinceridad

Ahorro

Honor

Hospitalidad

Puntualidad

Humildad

Paciencia

Iniciativa

Amor

Gozo

Mansedumbre

Responsabilidad

Generosidad

Gratitud

Orden

Justicia

Ingenio

Persuasión

Obediencia

Benignidad

Seguridad

Lealtad

Decisión

Disponibilidad

Contentamiento

Vigilancia

Creatividad

Cautela

Flexibilidad

Discernimiento

Perseverancia

Atención

Perdón

Firmeza

Confiabilidad

Compasión

Deferencia

Discreción

Entusiasmo

Valentía

Diligencia