Descripción
Nuestros deseos físicos son como la energía nuclear. Pueden ser desatados con la destrucción devastadora, o pueden ser controlados y así traer beneficios a multitudes. La escritura nos exhorta: «Huye también de las pasiones juveniles» 2 Timoteo 2:22 y «Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón; porque de él mana la vida» Proverbios 4:23.
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«Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis» Gálatas 5:16-17.








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