Los Mandamientos de Cristo

Perdona a Tus Ofensores

¿Dónde se encuentra este Mandamiento?

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”.

Mateo 18:21–22

Cómo aplicar este Mandamiento

Cuando alguien nos ofende, el impulso natural es querer castigarlo por lo que ha hecho, especialmente si continúa ofendiéndonos. Continuar perdonando a los ofensores y viviendo con las consecuencias de sus ofensas, parece poco razonable desde nuestra perspectiva. Sin embargo, el camino de Dios no es nuestro camino, y Él nos advierte de serias consecuencias si fallamos en llevar a cabo este mandamiento.

El siervo malvado que no perdonó la deuda de su hermano, fue entregado a los verdugos “hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (Mateo 18:34-35).

Jesús emitió una advertencia similar, después de enseñar a Sus discípulos a orar: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12). Esta es la única parte de esta oración que Él inmediatamente vuelve a enfatizar y explica: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15). ¡Qué trágica condena por negarse a perdonar! ¡Que nuestras ofensas no sean perdonadas, sino que seamos entregados a los verdugos!

Versículos Bíblicos para Meditar

Además de meditar sobre Mateo 18:21–22, la reflexión sobre los versículos que se presentan a continuación te permitirá profundizar y comprender mejor el mandamiento de Cristo: “Perdona a Tus Ofensores”.

Colosenses 3:12–13

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”.

Efesios 4:31–32

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

Mateo 6:14–15

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.

1 Pedro 3:8–9

“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”.

Santiago 2:13

“Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio”.

Pregunta de estudio

P: En la parábola de los dos siervos que tenían deudas, el que tenía una deuda enorme fue perdonado por el rey, pero en respuesta él puso a otro siervo en prisión por no pagarle una pequeña deuda que tenía para con él. Entonces el rey entregó al siervo malo a los verdugos “hasta que pagase todo lo que le debía.” ¿Cómo podrían ambos siervos ser libres de esclavitud? (Ver Mateo 18:23-24).

R: En respuesta a la pregunta de Pedro de cuántas veces tenía que perdonar a un ofensor, Jesús dio una parábola que enriquece nuestro entendimiento, en cualquier asunto del perdón.

“Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía” (Mateo 18:32–34).

Si la enorme deuda del siervo malvado fue en efecto perdonada, como dice Mateo 18:32, entonces la única deuda pendiente es la de su consiervo. Cuando ésta es pagada, él es liberado de los verdugos.

Este entendimiento se ajusta a la declaración: “pagase todo lo que le debía”. Si “le” se refiere al siervo que debía al rey, el siervo malvado podía perdonar la deuda y de esta forma ser liberado. Esta acción sería autorizada por el rey, quien lo está castigando por no tener misericordia y compasión; no por la deuda.

Si “le” se refiere al rey, se puede llevar a cabo la misma acción. Después de todo, es probable que el siervo malvado utilizara parte del dinero que le pidió prestado al rey para prestárselo a su compañero. Por lo tanto, si el siervo malvado perdona la deuda de su compañero, no queda ninguna deuda pendiente. Esta acción le libera a él de los verdugos y a su compañero de la cárcel de deudores. De esta forma, ambos siervos ganan su libertad.

Esto confirma lo que Jesús declaró en cuanto al perdón: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (Mateo 18:35).

Para estudiar más a fondo

Para aprender y profundizar más sobre el mandamiento Perdona a Tus Ofensores, te recomendamos adquirir la libreta de “Los Mandamientos de Cristo: Serie 5”.

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