Los Mandamientos de Cristo
Reconcíliate


¿Dónde se encuentra este Mandamiento?
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”.
Mateo 5:23–24
Cómo aplicar este Mandamiento
Cuando ofendemos a alguien, naturalmente nuestra primera reacción es justificarnos a nosotros mismos antes que buscar la reconciliación. Independientemente de si tenemos la culpa o no, esta actitud se centra en una sola cosa: nosotros mismos. En el fondo, este enfoque egoísta se alimenta de un espíritu de orgullo. Es nuestro orgullo el que no solo nos impide experimentar la unidad con la persona a quien hemos ofendido, sino que también obstaculiza la unidad en nuestra relación con Dios.
El orgullo se caracteriza por la confianza en uno mismo, el enfoque en uno mismo y está saturado de uno mismo. No hay espacio para centrarse en nadie más ni en sus necesidades. Sin embargo, cuando consideramos el mandato “Reconcíliate”, descubrimos que nos necesitamos unos a otros. Y no solo eso, sino que tampoco podemos cumplir la voluntad de Dios sin los demás.
Por eso es tan importante el mandamiento “Reconcíliate”. Como creyentes en Jesucristo, la Palabra de Dios dice que somos miembros “los unos de los otros” en el Cuerpo de Cristo (Romanos 12:5). Nuestras acciones no solo nos afectan a nosotros, sino que tienen un impacto en quienes nos rodean, especialmente en quienes están más cerca de nosotros. Solo cuando nos humillamos y buscamos reparar las ofensas del pasado, mantendremos una comunión cercana con Dios y cumpliremos Sus propósitos, actuando como uno solo en el Cuerpo de Cristo.
Versículos Bíblicos para Meditar
Además de meditar sobre Mateo 5:23–24, la reflexión sobre los versículos que se presentan a continuación te permitirá profundizar y comprender mejor el mandamiento de Cristo: “Reconcíliate”.
Efesios 4:26
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”.
1 Corintios 12:25–27
“Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”.
Hechos 24:16
“Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”.
Romanos 12:17–18
“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres“.
Proverbios 21:14
“La dádiva en secreto calma el furor, y el don en el seno, la fuerte ira“.
Proverbios 17:14
“El que comienza la discordia es como quien suelta las aguas; deja, pues, la contienda, antes que se enrede“.
Pregunta de estudio
P: ¿Qué fue lo que realmente hizo Jacob para cambiar el odio y los planes de homicidio de su hermano, por perdón y afecto fraternal?
R: Jacob y Esaú pasaron del odio amargo a abrazarse uno al otro y llorar ambos sobre el cuello del otro en perdón completo. Los pasos que llevaron a esta gran reconciliación son las pautas para toda reconciliación.
La Reconciliación generalmente es motivada por las reprensiones de Dios, por ofensas no resueltas, y esto quedó demostrado cuando Jacob engañó a su padre y se encontraba en conflicto continuo con Labán, su tío. Cuando finalmente huyó de Labán, se enfrentó a la amenaza de su rencoroso hermano Esaú.
Jacob sabía que para que hubiera una reconciliación, Dios tenía que hacerlo. Fue sobre esta base que él dijo: “Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo” (Genesis 32:11). Como Jacob clamó a Dios, sus palabras fueron fervientes y eficaces. Una oración así sigue la instrucción de Santiago 5:16: “La oración eficaz del justo puede mucho”.
Si parte de nuestras ofensas incluyeron tomar lo que le pertenece a otro, debemos hacer restitución por lo que hemos tomado o dañado. Jacob se dio cuenta de que no debía dar solamente un regalo inesperado, sino hacer restitución con su hermano Esaú. Preparó “un presente para su hermano Esaú: doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros, treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos” (Genesis 32:13–15).
La reconciliación requiere convertir todo el orgullo en un espíritu de servicio. Cuando Jacob se preparó para reconciliarse con Esaú, Jacob dijo a sus pastores que lo identificaran como siervo de Esaú, en lugar de su hermano. Cuando finalmente se encontró con Esaú, de nuevo se identificó no como su hermano sino como su siervo. Este espíritu de servicio es esencial, ya que fue la falta de esta actitud lo que provocó el conflicto inicial.
Cuando Jacob por fin se encontró con Esaú después de clamar a Dios, hacer restitución y luchar con el ángel, demostró humildad no solamente por inclinarse ante Esaú, sino por tener a sus esposas e hijos inclinados también. Dios bendijo esta actitud de humildad haciendo que Esaú perdonara y liberara completamente a Jacob del mal que se cometió inicialmente contra él.
Para estudiar más a fondo
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